diumenge, 18 de març de 2012

Max, el robot que aprendió a llorar

Max, había nacido, o mejor dicho había sido diseñado y fabricado el año 2011. Tenía que ser  el primero de una generación de robots capaces de aprender por ensayo y error, es decir dotado de  inteligencia artificial.

Max aprendía rápido, observaba, repetía y pronto perfeccionaba cualquier proceso. La empresa fabricante había contratado dos técnicos responsables de su aprendizaje,  uno era Esteban, informático y adicto a la Coca-Cola y el otro Julián,  un pedagogo amante de las tertulias de bar.

Esteban, el informático,  tenía poca vida privada y dedicaba casi todas las horas del día a adiestrar a Max, para él era una relación terapéutica porque el robot escuchaba pacientemente todos sus problemas. Y suerte que Max sólo era un robot, sin emociones, porque al lado de Esteban la vida era como una montaña rusa que pasaba  rápidamente de la euforia a la depresión. Julián era diferente, siempre estaba enérgico y enseñó a Max a jugar a futbol, a hablar en público, a saltar, a competir, a jugar al ajedrez, …
Al principio todo iba estupendamente y en dos meses Max había aprendido a caminar, correr, hablar, leer, …. Era increíble, a cualquier niño le hubiese costado años aprender todo eso.

Los problemas empezaron en el “Congreso”,  cuando Julián, orgulloso igual que un padre, presentó a Max al mundo. El robot tenía que hablar en público y demostrar sus habilidades, pero mientras estaba explicando su experiencia,  el software se bloqueo y tuvieron que pararlo y reiniciar el sistema. Desde entonces Max ya no aprendía tan rápido y si le presionaban se quedaba bloqueado.
Los técnicos habían revisado todo el hardware y el software, pero no habían encontrado ningún problema. Habían contratado a especialistas de todas las áreas, pero todo parecía perfecto y no entendían que pasaba. Algún especialista había sugerido que si no fuera porque es un robot y por tanto es imposible, parece que Max se bloquea cuando tiene miedo. ¡Qué absurdo!

El proyecto fue perdiendo interés para la empresa, ya habían gastado demasiado dinero y no estaban dispuestos a gastar ni un euro más en un diseño de robot que constantemente se bloquea. Esteban era el que peor lo vivía, su humor se fue deteriorando y empezó a beber. Un día lo encontraron muerto en su apartamento, había tenido un paro cardíaco.  Aquel día Max se sentó en una silla, postró la cabeza hacía delante y se quedó bloqueado.

La empresa abandonó el proyecto, estaba claro que aquel modelo de robot no funcionaba bien.
Sin embargo Julián no aceptaba la derrota y siguió buscando soluciones, hasta que un día en un arranque de desesperación se dejo llevar por su intuición.  Llenó de lubricante el espacio ocular del robot, y entonces empezaron a caer gotas de aceite sobre las mejillas de Max. Max estaba llorando y así permaneció durante horas, llorando todo el dolor y el miedo que había acumulado. Después volvió a funcionar estupendamente y se diría que parecía estar alegre.
El resto de la historia forma parte del futuro que está por escribirse todavía.

Comentario del cuento
Este cuento tiene un fuerte carácter autobiográfico y manifiesta el uso del cuento para entrar en contacto con el inconsciente y buscar soluciones creativas y profundas a nuestros problemas o dolores internos.
El cuento ha de surgir como una expresión creativa y espontanea de la persona, de forma que presenta unos personajes, plantea un conflicto y después busca una solución. En este proceso el inconsciente se expresa y la solución es una metáfora de la solución real.
En este caso, en realidad, primero hice el dibujo para expresar como me sentía y después me surgió la necesidad de escribir el cuento.


Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada