diumenge, 10 de febrer de 2019

LAS RELACIONES DE DOMINIO - SUMISIÓN

Para que las relaciones entre iguales puedan orientarse hacia el bienestar se hace necesario que se de un equilibrio entre el dar y el recibir entre sus miembros, de manera que todos ellos sientan que dan suficiente y que reciben suficiente.
En una relación de dominio-sumisión encontramos una relación jerárquica donde el dominador se coloca en un lugar elevado y poderoso, y el sumiso se coloca en un lugar inferior, de dependencia, estando al servicio del dominador.

La persona dominante presenta un exterior de fortaleza, que puede asentarse en la fuerza física o en la fortaleza intelectual, necesita mostrarse al exterior bajo una imagen de seguridad, aunque interiormente acostumbra a sentirse frágil y vulnerable. En la infancia pudo vivir experiencias de abandono físico o emocional, de sometimiento o de abuso, o pudo sufrir una pérdida muy dolorosa y tuvo que aprender a sobrevivir en un entorno de carencia, hostilidad o severidad, donde no se sintió suficientemente protegido o respetado. En algún momento de su vida, para poder sobrevivir, decidió construir una coraza protectora a su alrededor, pero aunque ese cuerpo físico fue creciendo y fortaleciéndose, en el interior quedó un niño asustado que sigue necesitando un padre o una madre protectora que quizás no tuvo....

La persona sumisa establece relaciones de dependencia en las que ella se siente más pequeña y menos valiosa, acostumbra a tener una baja autoestima y busca la seguridad y la protección de la persona que ella percibe como fuerte y poderosa, para ganarse su aprecio se pone al servicio de ella y confunde el amor con la servidumbre y el sometimiento, perdiendo así su propia identidad. Probablemente en la infancia aprendió a complacer para recibir afecto y algo de reconocimiento, aprendió a silenciar sus deseos y necesidades para evitar dolor y sufrimiento, aprendió a conformarse con muy poquito y confundió el goce ajeno al que contribuía con el propio, y en su pequeñez e inseguridad en algún momento decidió que no podía sostenerse sola, que necesitaba la protección de alguna persona fuerte que la defendiera de los peligros del mundo exterior.

La persona dominante necesita de la sumisa y viceversa, ambas personas deciden quedarse en ese relación, al menos durante un tiempo. La dominante necesita que la sumisa le cuide, le obedezca, le admire, le alague.... así calienta el corazón del niño herido, abandonado o desprotegido. La persona dominante teme perder estos privilegios, teme terriblemente al abandono ,y puede recurrir al maltrato físico y/o psicológico para asegurar la permanencia y el sometimiento de la persona sumisa, si ésta última cree que no tiene apenas valor se sentirá agradecida por la compañía y la protección de la persona dominadora. La persona sumisa puede justificar y hasta creerse merecedora del maltrato recibido, incluso puede minimizarlo delante de otras personas.

La persona dominante puede llegar a pensar que la sumisa le pertenece, y la sumisa puede pensar que no puede vivir sin la "protección" de la primera. Estos son desórdenes relacionales que impiden el crecimiento personal de sus miembros y llevan al empobrecimiento personal y de la relación.
Aquel que es dominante acostumbra a desear que la relación se mantenga en esos términos, mientras que el sumiso, con el paso del tiempo, puede desear liberarse  y puede llegar a pedir ayuda externa para ello, pero le cuesta tomarla pues  teme ser represaliado por ello por la persona dominante.
El salir de una relación de dominio - sumisión es una oportunidad de crecimiento y desarrollo personal para ambos miembros, sobretodo si toman conciencia del desequilibrio de la misma, ello implica mirar al niño interior que llevan dentro y tomar conciencia del propio trauma de infancia. La manera en que ese niño consiguió sobrevivir al trauma tiene que ver con la relación de dominio -sumisión. Es necesario que la persona tome conciencia también de su parte sana y que esa parte sana sostenga  al niño herido, para conseguir esta transformación puede ser necesario el acompañamiento terapéutico.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada